lunes, 30 de mayo de 2011

Primer mandatario yemení se niega a abdicar a su cargo

Presidente de Yemen

Ali Abdalá Saleh se negó este 22 de mayo por tercera vez consecutiva a renunciar a su mandato que viene ejerciendo en esa nación desde hace 33 años.
En ese sentido, el pasado domingo un grupo armado de simpatizantes de este mandatario rodeó por un lapso de varias horas la Embajada de Emiratos Árabes Unidos en Saná, donde se encontraban congregadas un grupo de figuras políticas que intentaban ejercer presión sobre Saleh, para convencerle de que rubricara un acuerdo que trazaron previamente en conjunto con el bando opositor de ese territorio, donde quedaría certificada su abdicación al poder.
Este conjunto estuvo conformado por embajadores de Estados Unidos (EE.UU), La Unión Europa (UE) y cinco miembros del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico (CCG), quienes ya habían ejecutado este plan contra el líder yemení en otras dos oportunidades, pero sin éxito.
Se conoció que la redacción de ese convenio indicaba que en caso de quedar asentada la firma, Saleh recibiría inmunidad de juicio y tendría un plazo de 30 días para claudicar a su mandato, saliendo de la presidencia de una manera digna. Luego de este acontecimiento, en Yemen se tomaría la medida de acción alusiva a otro proceso electoral al cabo de tres meses.
Por su lado, el presidente Saleh aseveró: "Ese plan, con el que tratamos de manera positiva por el interés del país, es en realidad una operación golpista, pero aceptamos tratar esa iniciativa por presiones y agenda extranjeras que comenzaron desde Túnez, y luego en Egipto, Bahréin y Omán".
De igual modo, el analista de seguridad Theodore Karasik y dirigente de la oposición, expresó que el mandatario ya no era considerado de fiar, y señaló que "Saleh no es serio en su salida del poder. Y esto es parte de su estrategia de mantenerse en el cargo". Añadió que el máximo dirigente yemení podría defenderse, pero “la presión externa será tan fuerte ahora que sus días estarían contados".
Asimismo, la colectividad ha abarrotado diversos lugares públicos de Yemén, manifestando sus exigencias, y refiriendo que la mejor opción para detener el aprieto latente en esa nación, es que Ali Abdalá Saleh, ceda cuanto antes su cargo para evitar una beligerancia civil.
“Otro punto de vista”
Sin democracia no hay país
La situación acaecida en Yemen se asemeja a la suscitada en Venezuela en relación con la gestión revolucionaria y socialista que impulsa el presidente Hugo Rafael Chávez Frías. Algunos están a gusto, otros no lo están.
Y es que en toda nación existe la diversidad de criterios por parte de sus habitantes, lo que trae como resultado la conformación de diferentes bandos que apuntan a un blanco específico, según sus necesidades, exigencias y deseos.
En este caso, tenemos que considerar que en todo país debería predominar la democracia, pues esto significaría ofrecer al pueblo el poder para decidir un cambio presidencial si así lo quieren.
Nadie dijo que 33 años de mandato gubernamental “deficiente” resultaría satisfactorio para una nación que pide a gritos que su máximo líder renuncie a su cargo, porque juzgan que esta acción conllevaría a obtener mejoras en diferentes aspectos pertenecientes a ese territorio, mientras le den la oportunidad de gobernabilidad a otro que sí posea las características de un buen dirigente político.
Sería necesario convocar a una especie de referéndum consultivo si está contemplado en las leyes yemeníes para determinar la cantidad de personas que están o no de acuerdo con la revocación de este mandatario yemení. Sólo así se logrará obtener resultados depurados derivados de la hegemonía del pueblo. Y partiendo de ello, se tomarían las acciones contundentes le guste o no a ese gobernante.
No obstante, no podemos dejar pasar inadvertido que en Yemen aún prevalecen tras bastidores muchos hechos que no permiten al mundo ver con claridad los escenarios políticos aparejados en ese país, y la verdadera causa de esta convulsión social. Y como dicen por ahí: “Nadie conoce lo que hay en el fondo del caldero, sino el cucharón que lo menea”, y, “Si el río suena, es porque piedras trae”.
Si un jefe de estado no está ejecutando eficientemente su mandato, pronto el pueblo lo hará saber, ya que es éste quien exige a su presidente una mejor calidad de vida.
El pueblo asume que el simple hecho de que su cabecilla sea humano, eso es suficiente para que éste entienda las necesidades de la población. Por ende, éste tendría la capacidad de aportar la mitigación de sus requerimientos.
Cuando esto no ocurre, entonces la mejor alternativa es adquirir la modalidad de “Cambiar de Presidente”.
Cada territorio tiene derecho a elegir a un líder, pero también tienen el derecho de ver cumplidas en su país las promesas que profieren sus mandatarios y no que queden pululando en el aire, circunstancia que lamentablemente se aprecia a lo largo del mundo.
Por otro lado, el pueblo también tiene por naturaleza el derecho de renovar su confianza y depositarla en un nuevo director estatal. Esto, si lo que quieren es derogar al que durante tantos años no fue capaz de proveer para las necesidades de éste.

Por: Jesús Bruzual/NGD




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