martes, 24 de mayo de 2011

Historia del que regresa

Me devuelvo a Venezuela, vamos a ver qué pasa.
Reportaje: Historia de que regresa
Estoy sentado en el Café Olé, con un cafecito esperando a unos compañeros de trabajo para hablar de un proyecto. Hay Wi-Fi en el restaurant y la los meseros muy amables están pendientes de que no me falte nada. Hace dos meses que llegué de vuelta a Caracas y en este momento lo único que me recuerda mis 5 años en España es que están pasando la fórmula uno y Alonzo acaba de reventar el motor.

Quiero pedir disculpas por no haber documentado estos 2 meses pero la verdad es que desde que llegué no he parado de hacer cosas. Encontré una ciudad muy dinámica, a la que le quedan muchas cosas por hacer. Al llegar pensé que me encontraría sumido en un caos. La gente me recibió con desconcierto e incredulidad y algunos cuestionaron nuestra decisión de volver. Sin embargo solo al llegar me sentí como en casa. El clima perfecto, la ciudad mejor de lo que pensaba, muchas cosas nuevas, mucho dinero en la calle. Llegué a trabajar y no he parado desde entonces. A pesar de que todavía estamos buscando casa (estamos arrimado en casa de mi padre) hemos podido resolver las cosas mas importantes. Mi hijo ya tiene colegio, mi esposa sigue trabajando para Yahoo! Iberia desde acá por las tardes y le queda tiempo para visitar apartamentos y organizar la piñata de mi hijo. Los amigos están siempre ahí y en este tiempo todavía no hemos podido ver a todos.

Claro que hay problemas. Espero poder contribuir a resolverlos. El ambiente político es complicado y hay mucha incertidumbre. La cercanía de las elecciones es el catalizador de muchos sentimientos encontrados y la lucha por el poder empieza a destapar la verdad de algunos. Cuando llegué la gente no dejó de hablarme de la inseguridad y del gobierno como las dos cosas que más los afectan. Mi impresión ha sido otra. Seguramente la inseguridad a crecido, sin embargo Caracas siempre ha sido una ciudad insegura y no lo noto demasiado. La política es un asco, pero es más de lo mismo. Lo que si me ha impresionado es el tráfico, que es inhumano y desesperante. Paso gran parte del día en un carro. Y me da la impresión de que cada día hay más. Lo otro que no soporto es ir al banco. Debo estar desacostumbrado pues en España rara ves iba al banco. En todo caso, nada grave.

Nada como estar en el país de uno. Donde somos alguien. Donde podemos opinar. Donde conocemos como es todo y las oportunidades son más fáciles de ver. En Venezuela hay muchas oportunidades, o por lo menos a mi me lo parece. Vine aquí a lograr mucho y no he dejado de sentir la certeza de que lograré muchas cosas.

Han llegado mis compañeros de trabajo. Tengo que para ahora. Trataré de ir documentando lo que vaya pasando. Espero que entiendan si no lo hago tan a menudo. Se que muchos están pendiente de lo que pasa.

Quizás debí haber escrito más en estos días pasados, pero la verdad es que a medida que se acerca el día de la partida voy sintiendo que me quedan mil cosas por hacer y rara ves encuentro tiempo de parar y pensar. Estos días han sido de resolver cuestiones relacionadas con bancos, cuentas, cambio de direcciones, pagos de impuestos, y un sin fin de detalles de operatividad.

Matías, nuestro crío de 6 años, fue al colegio por última ves el miércoles al acto de fin de curso. Se empieza a notar que le pesa un poco dejar a sus amigos, tanto del cole como los vecinos. Pero al mismo tiempo está emocionado por el cambio, el viaje, lo nuevo. Es como nosotros. Al llegar a Caracas lo meteremos en un campamento para que se integre un poco a gente de su edad y le de tiempo de sustituir en su vocabulario las palabras necesarias para que no lo vean como un marciano cuando empiece el colegio. Se le quedará su acento galleguito por un tiempo, pero a esa edad los niños se adaptan a todo rápido.

Yo me siento emocionado. Ya involucrándome con el trabajo allá, al mismo tiempo que gestiono la compañía aquí, empiezo a ver que hay cantidad de trabajo interesante por hacer y me voy convenciendo de que este cambio será positivo, no solo para todos nosotros en lo personal, sino para mí en lo profesional.

Ya solo quedan 5 días para nuestra partida. La gente que lee los Blog no se pone de acuerdo. Los que más, me dan ánimos e inclusive se siente animados a hacer lo mismo que estamos haciendo nosotros y volver. Otros, estando en Caracas, les parece bien que la gente se anime a volver y hacer algo por el país. Algunos me tildan de loco y no entienden que pueda haber una razón que me haga volver a ese país (que adoro, por cierto) y algunos, que se han leído la evolución de los pensamientos, entienden que lo que busco es la utopía de regresar a esa Caracas divina de hace muchos años que ya existe. A esos les digo que no se preocupen, que estoy claro a lo que me enfrento. Durante el tiempo que hemos estado viviendo afuera no hemos dejado de ir a Caracas por lo menos un par de veces al año. Tengo todo bien claro.

De toda maneras, al llegar, seguiré escribiendo mis impresiones de lo que encuentre y de cómo nos adatamos al cambio. Sé que al principio será complicado pero al final es el país de uno y la adaptación será rápida. Vamos a ver qué pasa..


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