Códigos comunes y códigos propios
Los valores comunitarios tienen su origen en las necesidades y las posibilidades que brinda el medio para satisfacerlas. La suma de experiencias individuales y del grupo va formando aquellos sedimentos de patrones de conductas deseables que constituyen los valores. Estos valores son transmitidos del entorno al individuo a través de la familia, la escuela, el grupo social.
Desde el punto de vista social los individuos ya nacen inmersos en una atmósfera de valores. Como el pez nace ya rodeado de agua. Por lo que va asimilando, haciendo la analogía con la química, como en un proceso osmótico los valores de la comunidad. De tal manera que a través del solo estar en un grupo éste le trasmite sus valores, sus costumbres, sus modos de hacer.
El humano es un copiador de gestos, conductas, vocablos. El ‘deber ser’ le viene del otro en una atmósfera de valores. Es por eso que el individuo incorpora desde su inicio como integrante del grupo, los valores, como incorpora el alimento a su organismo. No son procesos intelectuales que se discuten o cuestionan, que haya que aprenderlos a determinada edad: están allí, son esos y punto. Estos valores comunitarios son introyectados, asimilados y luego pasan a ser parte del propio individuo. Pasan a convertirse en "sus valores". Esto le permite tener una conducta ajustada y no discordante con su entorno, porque “sus valores”, tautológicamente, se corresponden con los “valores comunitarios”.
Un individuo ajustado a su grupo social se mueve con soltura, con espontaneidad, porque conoce y está inmerso en la rutina social; pocas cosas del accionar común le resultan extrañas. Sabe e intuye qué debe o qué no debe hacer. No cuestiona las normas, no se pregunta ¿por qué yo debo hacer esto? Simplemente transcurre.
Un individuo proveniente de una cultura no occidental, lejos de las comunicaciones modernas, consideraría absurdas, ridículas o graciosas muchas de nuestras “serias” costumbres y se preguntaría, asombrado, ¿por qué estas personas hacen esto? Y si tomara al azar a alguno de nosotros y nos hiciera esa pregunta, seguramente no sabríamos fundamentar nuestra conducta, es más nos asombraría que alguien pregunte algo tan obvio: esto hay que hacerlo porque sí, porque se hizo siempre.
Es decir, hay costumbres que están tan “solidificadas” que no dan margen para el cuestionamiento. Esta es también la fuente de la empatía, del comprender al otro: si nos criamos juntos, si entendimos y sentimos los mismos valores, si vivimos experiencias semejantes, yo puedo comprender el por qué de la mayoría de sus conductas.
Esta solidificación de los valores comunitarios en el individuo lo hace previsible. Sabemos que ante una situación determinada el grueso de la población tendrá un tipo de conducta previsible.
Por supuesto que hay un rango de ajuste, y también un rango de desajuste tolerado. Son aquellas pequeñas desviaciones a los "valores bases" que distingue a un individuo de otro. Es decir que en toda sociedad existe la posibilidad de tolerancia a pequeñas desviaciones a las normas.
Compilado por Carlos Gonzalez
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